Osama Bin Laden, nació el 10 de marzo de 1957, en Djedda, Arabia Saudí, se graduó de ingeniero civil en la Universidad Rey Abdul Aziz.
Osama fue entrenado por la CIA, quien le enseñó al terrorista a mover dinero en sociedades fantasmas, a ocultarse, a utilizar códigos cifrados para evitar el descubrimiento de los enemigos y a preparar sus propios explosivos. La relación entre Bin Laden y la CIA se dio en medio de la guerra fría, en la que los norteamericanos apoyaron a los grupos afganos en contra de su enemigo los Rusos.
La leyenda terrorista-mediática de Bin Laden esta construida a la medida de la nueva lógica expansiva del capitalismo transnacional. Detrás de ese nuevo mito, Estados Unidos desarrolla su estrategia de conquista militar en Asia, Africa, América Latina y Medio Oriente.
Los grandes diarios, las grandes cadenas televisivas de EE.UU. y de Europa, forman parte del exclusivo club de las 500 multinacionales que se benefician de las conquistas militares-capitalistas por todo el planeta.
Bin Laden -como ayer lo fue el comunismo soviéticco- es el nuevo legitimador social de las políticas de conquista militarista emergentes de la Nueva Doctrina de Seguridad norteamericana.
En 1991, la revista Time describió a Bath como un lobbista cuyas vinculaciones iban desde la Agencia Central de Inteligencia (CIA), hasta contactos con Bush y la administración republicana de Reagan. Salem Bin Laden era socio de los Bush en la compañía petrolera Arbusto Energy. Sociedad que, después de la muerte misteriosa de su padre, continuó con Bin Laden hijo y su familia.
Durante la ocupación soviética de Afganistán, la CIA, bajo la dirección de William Casey canalizó 6.000 millones de dólares para financiar y entrenar a los rebeldes afganos. Casey convenció al Congreso norteamericano que proporcionara a los afganos los misiles antiaéreos Stinger, que sirvieron para derribar los aviones y helicópteros soviéticos, y luego, en la guerra de Afganistán del 2001, fueron empleados por los talibanes contra los aviones y helicópteros norteamericanos.
La administración Reagan-Bush calificó de “combatientes de la libertad” a las fuerzas islámicas de Bin Laden que le servían de peones en el tablero del enfrentamiento global con la URSS.
Bin Laden hijo se introdujo en el escenario afgano de la mano de los servicios secretos de Arabia Saudita (el Istajbarat), de Pakistán (el ISI) y de Estados Unidos (la CIA).
Osama Reclutado y entrenado por la CIA y el Istajbarat, que dirigía desde Riad el príncipe Turki Al Faysal. A su vez servía de servia de nexo para la canalización de fondos y de armas para la jihad islámica (Guerra Santa), procedentes de la red de droga y de dinero negro centralizada en Arabia Saudita.
A partir de 1982 se estableció en Peshawar donde puso en marcha una oficina de servicios a los mujaidines (Combatientes) en donde se dictaban clases de adoctrinamiento político y de estudio religioso, entrenados y financiados por la red encubierta del eje CIA-ISI contratados para combatir contra los soviéticos.
Según el periodista especializado, Walter Goobar, de uno de los centros de reclutamiento de Bin Laden en Brooklyn, los voluntarios pasaban a “La Granja”, nombre con que se conocía en la jerga del espionaje a Camp Peary, un centro de reclutamiento de la CIA en Virginia EE:UU. En “La Granja”, los reclutas musulmanes aprendieron las técnicas de sabotaje y de terrorismo dictadas por oficiales y especialistas norteamericanos.
Bin Laden y los talibanes
El eje Al Qaeda-Talibán-Pakistán emprendió la resistencia armada contra el ejército rojo desde las montañas, y sus integrantes fueron presentados como “luchadores al servicio de la libertad” por las habituales usinas mediáticas internacionales de la CIA.
En febrero de 1989 el ejército soviético, resignado a no poder derrotar a los mujaidines y tras sufrir 15.000 bajas, culminó su retirada de Afganistán por decisión de Mijaíl Gorbachov, quien quería a toda costa cerrar teatros de conflicto con EEUU en un momento en que el imperio de la URSS atravesaba por una crisis terminal. No obstante, la coalición islámica armada por la CIA no pudo derrocar al régimen pro comunista hasta abril de 1992.
Eso no supuso el fin de la confrontación, ya que comenzaría una guerra civil entre las facciones islámicas divididas por el reparto del poder, y financiadas por la ex burocracia de la URSS por un lado, y por EEUU, Inglaterra y Arabia Saudita por el otro. En esa lucha comenzó a gestarse el eje Talibán – Al Qaeda – Pakistán – Chechenia, que con Bin Laden como estrella y estratega asumiría el control militar y político de Afganistán en 1996.
La lógica del proyecto teocrático de los talibanes entró en contradicción con los planes de EEUU para la región. El gobierno fundamentalista intentó construir poder propio al margen de los intereses económicos y geopolíticos de Estados Unidos y sus consorcios petroleros. Entonces la CIA, con financiación encubierta, comenzó a entrenar a los grupos antitalibanes nucleados en la Alianza del Norte (Movimiento político Afgano). La CIA, que permanecía infiltrada, tanto en la alianza del norte como en el régimen talibán, por medio de la inteligencia pakistaní, comenzó a diseñar la operación que culminaría con la invasión militar norteamericana a Afganistán tras la voladura de las Torres Gemelas.
La otra versión del 11-S
La operación terrorista del 11 de septiembre, le sirvió a los halcones para diseñar la leyenda del nuevo “enemigo” de los Estados Unidos y de la humanidad, que preparó el justificativo para la invasión a Afganistán, en la opinión de muchos estudiosos, pudo haber sido posibilitada por una clásica operación de “doble juego” entre la CIA, el servicio paquistaní y Al Qaeda.
Un sector importante de expertos en EEUU -apoyados por informes secretos de la comunidad de inteligencia- creen que los atentados a las torres y al Pentágono fueron producto de una “interna de la CIA”. De aqui comenzaron las acostumbradas “reapariciones” de Bin Laden sembrando terrorismo mediático desde las pantallas de los televisores. Que raro ni la CIA, ni el Mossad israelí, ni los servicios británicos con todas sus redes de infiltración en los movimientos extremistas islámicos pudieron dar con su cadáver o su paradero.
Y esto tiene una explicación:
Un Bin Laden perpetuamente “desaparecido” y “buscado” les servia para justificar las futuras operaciones de invasión militar que los halcones tienen planificadas para después de Irak. Hoy en dia como ya hay nuevos escenarios en medio oriente entonces se tiene que desaparecer a Osama Bin Laden.
El domingo revivieron a Bin Laden para decir que lo mataron. Obviamente no hay cadaver ni foto alguna ( solo una foto truca, como todos los videos que aparecieron con Osama desde hace unos 10 años) y rápidamente lo tiraron al mar . Otro gran triunfo de la CIA como las armas de destrucción masiva halladas en Irak. La verdad se nota muuucho. Resulta increíble que todavía se pueda seguir creyendo en la palabra del poder mundial, maestros en este tipo de operaciones para imponer sus intereses en el mundo y apropiarse de las riquezas de otros países.

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